jueves, 26 de noviembre de 2009

FABRICIO CARRASCUL "EL BRAVO DEL 25"

Al Cordobés” Ya estaban en el cielo Estévez y Oviedo y Dios no le alcanzo con esos Ángeles, entonces decidió llevarse al joven cordobés Fabricio Carrascull.

Una cinta celeste y blanca abraza todo el conjunto, y hojas de laureles bordean el escudo como símbolo y homenaje a los próceres y héroes de región y patria toda.

Ya el glorioso jefe de Sección había dado todo por su Sección, el Cabo joven Cabo llevo sus pasos, y entonces llego el último bravo de la compañía “C” de la sección “BOTE” de los “BRAVOS DEL 25”.

Se hizo cargo de la sección, dirigía el fuego de la propia artillería, (cuando en el Comando de Artillería, escuchaban a este Soldado no instruido para llevar una sección adelante, se sorprendieron como acertaba en todos los objetivos).

Hizo el contrataque nocturno y el repliegue de su Sección ofrendando su vida en esta acción.

El joven cordobés de Hernando siguió los mismos pasos de una de las glorias de la infantería argentina, el TENIENTE ROBERTO ESTEVEZ.

Acá termina las cuatro semblanzas del BRAVO 25.

Ellos son cuatro soldados sin otro pensamiento que llevara cabo su misión, cuatro leones dispuestos a todo por lograr la victoria.

Cuatro héroes que deciden que es ese su último combate, porque se reservan para otros más altos junto a Ángeles y arcángeles.

Son ellos los cuatro BRAVOS, muertos, por dios y por la patria.

VIVA LA PATRIA CARAJO!!!

VIVA EL BRAVO 25!!!

martes, 24 de noviembre de 2009

SARGENTO SERGIO GARCIA "UN HEROE OLVIDADO"

SARGENTO SERGIO GARCIA “UN HEROE OLVIDADO”
Queremos evocar al sargento de infantería Sergio García…

Era de esos hombres creados por DIOS para ser Militares; lo castrense parecía natural en él.

Tenia una excelente presencia y todos los detalles del Soldado se materializaban en su persona.

Uno solo de esos detalles –de forma no obedecida.

La posición de los portacargadores en el uniforme de combate: Garcia los usaba en el cinturón, pero hacia la espalda.

Como pocos, poseía el don del mando.

Por eso, como sus grados no le permitían ser conductor de una fraccion, se distinguía como un instructor nato; sabia explorar al maximo las cualidades para el Combate de sus Subordinados.

De espíritu humilde, intelectualmente intuitivo y de madura religiosidad, entrerriano y por sobre todo un hombre de rosario.

Su destino seria la Compañía de Infantería “B”, y dentro de ella, encargado de la sección cuya Jefatura ejercía el Subteniente Gómez Centurión.

Desde el principio fue la sobra de su jefe y el complemento ideal del mismo.

Gómez Centurión no necesitaba a veces ni ordenar las actividades porque su Sargento se le adelantaba en la intención.

Así ambos, el carismático Gómez Centurión y el ejemplar Suboficial, lograron en ese año una de las mejores Secciones del “RI25”.

La formula para este éxito era la perfecta coordinación entre jefe de sección y su encargado.

Uno solo brillaba por encima de ambos: el TENIENTE DE INFANTERIA ESTEVEZ.

Ciertamente muy cerca se agitaba la figura del legendario héroe preparándose para su buena muerte.

Ni el ni García tenían contacto directo y su relación era mas bien distante porque estaban reservados para un vinculo mas sublime:

el que los une a los heroes ante Dios nuestro señor.

Pero aunque Estévez ya comenzaba a presentirlo, García no lo sabia y desempeñaba sus tareas con total naturalidad y con infinita lealtad.

Si, esa era otra de las características de este Suboficial.

Cumplía exactamente con todo lo que su Jefe le ordenaba, pero además lo hacia con un gran cariño.

Su nobleza de alma provoco situaciones como la que relato a continuación:

A mediados de 1981,todos los años, se fueron los Oficiales que hacían el Curso Comando.

En esa ocasión partieron los entonces Subtenientes Gómez Centurión y Estévez.

Tres largos meses de duras pruebas.

Pero Gómez recibía permanentemente un aliciente en medio del curso: las cartas de su Soldado para infundirle animo y quien se encargo de que estas no faltaran fue –no podia ser otro-su encargado de seccion.

Un hecho que termina de pintar su capacidad profesional.

Por ausencia de su Jefe de Sección –quien estaba en el mencionado Curso de Comandos - García participo con ese cargo en las maniobras finales.

Ninguna diferencia se noto en la fracción.

Gómez Centurión podía ausentarse tranquilo que sus hombres-conducidos por García-seguían siendo los mejores de Regimiento.

Dios lo estaba dirigiendo hacia su próxima muerte, ubicándolo en la compañía de quien iría a enfrentar valientemente al invasor ingles.

Su historia se uniría a la de Estévez .

Y ya con la posibilidad cercana de Combatir, Sergio García se dedicaría a su trabajo habitual, secundario de siempre a su Subteniente; prepararon la Seccion, llegaron a Malvinas, complementaron la instrucción de sus Soldados, y…esperaron al enemigo.

El 23 de Mayo, le ordenaron a Gómez Centurión y a otros marchar norte del canal choiseul para rescatar esas armas de apoyo.

Nueva oportunidad para que el Sargento marcase su personalidad, recalcando la fidelidad al Jefe.

El Subteniente dispuso que su Encargado de Sección quedara a cargo de la fracción y cumpliera con las misiones impuestas, no sin aclararle que ignoraba cuando se produciera su regreso.

Mientras tanto el Combate se acercaba y llego.

Una ametralla comienza a presionar a Gómez Centurión y le ordena a el héroe.

El Sargento recibe la orden de su Jefe - ese al que había obedecido siempre fielmente - y no duda .

Sabe que se trata de una Misión simple pero en extremo peligro..

En gesto señorial le da espalda a su Subteniente y también a la vida.

El Héroe no regreso mas.

VIVA LA PATRIA CARAJO!!!

lunes, 23 de noviembre de 2009

SUBTENIENTE OSCAR SILVA

SUBTENIENTE OSCAR SILVA
Evocamos aquí la personalidad del héroe muerto en los ultimos combates por la defensa de Puerto Argentino, murió como había vivido, de frente a la realidad.

Sus subordinados y Camaradas cuentan que por no replegarse, a pesar de que estaba, impartida la orden, Silva eligió desplazarse hasta las posiciones de sus hermanos los gloriosos infantes de marina del “BIM5” que aun resistían y se sumo a la desesperada pelea que mantenían contra un enemigo superior en numero y medios.

Lo hallaron empuñando firmemente su fusil, caído para siempre en la turba malvinense.

Pero todavía se escucha sus gritos de furia alentado a proseguir el combate.

Del Liceo Militar Grl Espejo, a la Escuela Naval y por ultimo al Colegio Militar.

“Un grito de León”

El arco luminoso de una bengala rasga la noche teñida de tinieblas.

Por unos instantes,el admira la estela que termina desplegando sus vigorosos pétalos de luz.

Pero la magia concluye enseguida.

Crecen gritos en el silencio.

Gritos de guerra, gritos de odio.

La Tercera Brigada de Royal Marines comienza a trepar las laderas disparando sus balas trazantes.

Es la noche del 11 de junio del 82 y la guerra se aproxima a su fin.

El General Jofre ha impartido el orden de replegarse hacia Puerto Argentino pues el dispositivo de defensa nacional ha sido quebrado, luego de durísimos combates.

La Cuarta Sección de Infantería Marina del “BIM5” al mando del Teniente de Corbeta Vázquez sigue en sus posiciones pero no esta sola, un puñado de hombres del Ejercito, perteneciente a la Sección de Tiradores de la Compañía “A” del RI 4, encabezado por el Subteniente Silva se le ha unido horas antes.

Silva, usando su iniciativa, ha resuelto quedarse a luchar con sus hermanos que algún día era de ellos.

Y ahora aguarda, fusil en mano, junto al resto de los allí estan,el combate final.

La Batalla entra a su paroxismo demencial.

Una y otra vez los han rechazado, una y otra vez vuelven, de repente el héroe se queda sin balas, mira al derredor, unos de sus soldados ya sin vida a su lado.

Toma su FAL y sigue disparando hasta agotar las municiones.

A su alrededor, uno de sus hombres y los infantes de marina van cayendo uno a uno.

Se esta quedando solo.

Silva se encomienda a DIOS, piensa en su madre y comprende que muy pronto se le unirá allá arriba, en el cielo, donde no hay guerras ni frío ni penurias ni odio.

Un proyectil le perfora el hombro, tiene un instante para contemplar su propia sangre.

Es Sangre de Valiente, Sangre del que va a Combatir hasta el fin por lo que cree.

Ordena entre gritos, a los que restan de su Compañía, que se retiren y pide que le acerquen un fusil para cubrir el repliegue de sus hombres.

A sus soldados no les queda mas remedio que obedecer.

Silva los ve partir y enclavija los dientes, luego se levanta trabajosamente y ve al enemigo que siguen viniendo.

Entonces grita, emite un alarido de horroroso coraje.

Es el bravo rugido del león herido y acosado por la jauría.

Grita mientras hace trepidar su arma que vomita un mortal mensaje de plomo VIVA LA PATRIA CARAJO!!!,

un ciego instante de eternidad que retrata su gesto.

Ese instante de eternidad que retrata su gesto.

Ese instante de eternidades el cruce del umbral que lo lleva hacia la gloria lo llevo a ser héroe un fuego cruzado de ametralladoras.

Al amanecer pasan a buscarlas chapas identificatorias y ven al Soldado Muerto que esta sosteniendo firmemente el fusil sin poderlo sacárselo…

VIVA LA PATRIA!!!

domingo, 22 de noviembre de 2009

CABO HECTOR OVIEDO

"de jujuy a puerto darwin"

El 27 de mayo lloviznaba, hacia frió, ululaba el viento.

Por momentos el teflón de fondo de las explosiones parecía detenerse mas tarde,volvia como una ráfaga.

El Teniente Roberto Estévez tenia 24 años y una personalidad muy fuerte.

A algunos de sus hombres los había seleccionado luego de mirarlos profundamente a los ojos.

Ese día recibio la orden de movilizarsse y reorganizo su Sección sumado a algunos hombres de la Seccion de Gómez Centurión, algunos de RI8 y otros del 12.

En total,conformo un grupo de 35 Soldados.

El Cabo Oviedo partio con Estevez .

La indicacion del Teniente Coronel piaggi ( Jefe del RIMec 12 ) fue la de marchar hacia la primera linea de Combate y frenar a los ingleses que habian desembarcado en San Carlos el 1º de mayo, y avanzaban hacia Darwin.

El grupo partio a las 2 de la madrugada a cumplir con su mision,sabiendo que el combate se acercaba.

La caminata no era facil los pies se chocaban con las rocas que asomaban como cuchillos, o se hundian en la turba mojada.

Se cruzaron con gente que volvia de Combatir pero no habia tiempo para preguntas.

A las 4 habian llegado a Boca House un lugar cercano al Cementerio de Darwin.

Estevez los hizo desplegar en abanico por delante de las posiciones que habia dejado alli el RI12.

La espera no fue mucha, a las 5 de la mañana del 28 de Mayo, un Soldado ubicado en el extremo de la formación se choco con la Compañía "A" del Batallon 2 de Paracaidistas ingleses.

Se trataba de un grupo de 150 efectivos muy bien armados.

Estevez habia quedado delante de la linea,el cabo oviedo un poco mas atrás,a su derecha , por delante del Soldado Rodríguez,con quien acababan de conocerse.

Miguel Angel Avila, el otro Jujeño estaba alejado, del otro lado de la colina.

Los disparos comenzaron abruptamente,en medio de la confusion y de la oscuridad solo interrumpida por la luz de las balas trazadoras.

Esa luz permitia ver una sombra, una figura, sin saber si se trataba de un amigo o un enemigo.

Fueron cinco horas de una lidia sangrienta.

Los ingleses no solo eran mas y estaban mejor armados, sino que tenian apoyos de fuego de las fragatas que estaban en San Carlos y de Artilleria, combinada con misiles milan que barrian el terreno.

Ademas lograron alcanzar unos acantilados que habia del otro lado de la linea Argentina, con la cual y desde una posición alta definieron el resultado del combate.

Sin embargo,la resistencia argentina fue feroz y sin expresado verbalmente la consigna fue “MATAR O MORIR!”.

Estevez corria como enloquecido, de posición en posición, tomando contacto personal con sus hombres.

El Soldado Rodríguez estaba a cargo de una de las dos ametralladoras MAG que tenian y otro Soldado Zabala, era su Aux de MAG.

El griterio era ensordecedor gritos para darse animos, gritos para asustar, gritos de dolor, gritos.

Un misil terrestre alcanzo el pozo donde se habia metido oviedo,una de esas posiciones cavadas por el Regimiento 12 .

“A ti chango”

Un arma ideada para destrozar tanques alcanzo de pleno al Chango Jujeño de 19 años que cumplia asi con su Juramento de Perder la Vida si fuera Necesario…,

lejos, muy lejos de Humahuaca y de los dulcísimos sonidos del Rio Grande cuando baña los limites de la Ciudad de San Salvador.

Resando en ese momento supremo, imaginarnos que tal vez, por un instante, Hector se aparto del horror de lo que estaba sucediendo y volvio a oir esos cantares que el Rio arrastra en su lento descenso desde la Puna.

La vida se le iba yendo y el alma se volvia pa’ las casas, como voceaban los Viejos Copleros de la Quebrada.

Cabo Hector Oviedo en las Glorias de la Patria, Bajo el Manto del Bravo 25 !!!

VIVA LA PATRIA CARAJO!!

sábado, 21 de noviembre de 2009

TENIENTE ROBERTO NESTOR ESTEVEZ

El Teniente Roberto Néstor Estévez nació un 24 de febrero de 1957.

Oriundo de Posadas, Misiones, era el séptimo de nueve hermanos.

Hijo de Roberto Néstor Estévez y Julia Berta Benítez Chapo.

El “Toto” como le decían quienes lo querían, era un personaje.

Con tan sólo ocho años de edad, había hecho una historieta muy bien dibujada, donde el héroe de la misma, Rob-Dick (Rob, de Roberto, y Dick, vaya a saber por qué) era un gaucho con capa que libraba distintas aventuras, todas con un sentido nacional.

Las historietas de Rob-Dick se extendieron durante cuatro años, y durante ese tiempo, el superhéroe nacional iniciaba una campaña para recuperar las islas Malvinas (de allí la mención que hace Estévez a su padre, en la carta póstuma: “…

¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todo destinado a recuperar las Islas Malvinas?…”)

Fanático lector, era común que se quedara dormido con la luz encendida.

De todos los temas que gustaba leer, su predilecto era la Historia Argentina.

Inteligente y crítico, cuestionaba todo lo que no le parecía justo o verdadero, al extremo de que las maestras lo echaron varias veces del aula.

No soportaba la mentira.

Solía decir, desengañado por lo mucho que le costaba todo, que era producto de que escribía con la mano izquierda, porque para los zurdos el mundo era al revés.

No se daba cuenta de que justamente, el iba por el recto camino, y que era el mundo, quien iba, y sigue llendo, al revés.

Todo lo que se proponía no paraba hasta lograrlo.

Sus metas no se las sacaba nunca de la cabeza.

Descubierta su vocación militar, un amigo le comento que los zurdos no entraban al Colegio Militar porque tenían problemas para manejar las armas y disparar.

Estévez tenía diecisiete años.

Frente a la posibilidad de quedarse sin ingresar a la Colegio Militar De La Nación aprendió a escribir y manejarse con la mano derecha.

De lo que resultó, ambidiestro.

Inicialmente, Estévez decía que quería entrar al arma de Caballería, pero una vez en tema, se le escuchaba que prefería la Infantería porque sentía más ambiente de camaradería.

Ya en las FFAA se destacó por su voluntad y esfuerzo, amén de su gran inteligencia.

En su destino en el Regimiento 25 recibió el premio “Al mejor Infante”, además de ser distinguido con el honor de ser abanderado.

Sobresalió entre sus camaradas por su gran profesionalismo, su capacidad, y también, cuando la férrea disciplina lo permitía, por su alegría.

Excelente amigo y compañero; le gustaba toda la música, desde el chamamé hasta la clásica.

Dueño de una personalidad llana; hombre franco y directo, poseía una fe inquebrantable.

Era un ferviente católico.

Dueño de una personalidad llana; hombre franco y directo, poseía una fe inquebrantable.

Era un ferviente católico.

Queriendo ser el mejor en su especialidad, realizó el curso de Comandos a fines de 1981 y comienzo de 1982.

Su familia lo vio por última vez en ocasión de dicho curso, al realizarse el adiestramiento en la parte de “selva”, justamente en la provincia de Misiones, de donde eran oriundos.

Cuando el Teniente Estévez desarrollaba el Curso de Comandos en la Escuela de Infantería, durante el año 1982, durante el desarrollo de una exigente ejercitación propia de la especialidad, tuvo un paro cardíaco.

El médico que lo atendió, no obstante declararlo muerto, continuó prodigándole los auxilios correspondientes; milagrosamente, reaccionó.

En forma inmediata, sufre un segundo paro, del que vuelve a recuperarse. Fue enviado al Hospital en forma inmediata.

Todos se quedaron sorprendidos cuando, al día siguiente, se presentó para continuar el curso y lo finalizo con éxito.

Sin duda, el Señor prevé los mejores destinos para sus mejores hijos.

Posteriormente Estévez es destinado al Regimiento de Infantería Mecanizado 25.

Partió a Malvinas el día 27 de marzo de 1982 con el convencimiento de que no regresaría.

La carta póstuma para su padre y su familia quedó en el Regimiento, y les fue entregada a los familiares en julio de 1982, una vez conocido su fallecimiento, junto con sus objetos personales y una carta para su novia.

A continuación relato de un soldado que lucho con este bravo oficial:

“Ingresé en febrero de 1982 en el Regimiento de Infantería 25, que tiene asiento en la localidad de Sarmiento, provincia del Chubut.

A poco de haber llegado, los que teníamos estudios fuimos separados del resto de los soldados conscriptos.

Yo estaba cursando la carrera de analista de sistemas en el primer año; me ubicaron en la sección de aspirantes.

El Teniente Roberto Néstor Estévez, quien posteriormente dejaría un recuerdo imborrable en todos nosotros, fue el que nos seleccionó personalmente uno a uno.

Comenzó una instrucción, que no vacilo en calificar de dura y severa, hasta el 24 de marzo a cargo de Estévez, que pertenecía el grupo de Comandos, y su segundo jefe de sección, el Cabo Primero Faustino Olmos, también de esa misma especialidad.

La instrucción era diurna y nocturna con todo tipo de armamentos, teórica – práctica, y estaba destinada solamente a este grupo seleccionado, que yo, gracias a Dios, tuve la suerte de integrar.

Debo añadir que esta instrucción fue altamente valiosa a la hora del combate y Estévez, un jefe calificado que no sólo se preocupaba por nuestro estado físico sino también por nuestra espiritualidad, no cesaba de darnos ánimo y valor con sus propios gestos personales.

Les cuento un ejemplo: Allá, en el sur, hay unos pastos ásperos y filosos llamados coirones y durante nuestros habituales “cuerpo a tierra” y posteriores deslizamientos, tratábamos de evitarlos.

Al darse cuenta de esto, Estévez hizo él mismo el ejercicio, sin importarle las lastimaduras que tales matas le ocasionaron, y luego nos dijo:

“Si están en pleno combate, no van a tener tiempo de bordearlos, la guerra es así”.

Este tipo de ejemplos estaban muy a tono con su naturaleza de persona de una alta moral, ética y honor.

Y sólo tenía 24 años.

Nosotros, los AOR (Aspirantes a Oficiales de Reserva) en la mitad de la noche, más de una vez fuimos levantados y nos hacían salir a correr sorpresivamente bajo fina lluvia o nevisca, sólo vestidos con pantaloncitos cortos y ballenera (remera de manga corta).

Y como decía Nietzsche, lo que no te mata te fortifica.

Ese fue nuestro caso.

Del inicial grupo escogido, cuarenta y cinco, quedamos cuarenta.

Y esos cuarenta fuimos a Malvinas.

Aquel inolvidable 2 de abril nos tocó desembarcar al mediodía y nos sentíamos muy orgullosos en razón de pertenecer al único elemento del Ejército que participó de la operación de neto corte aeronaval en aquel momento.

A bordo del Almirante Irizar fuimos partícipes de una tocante ceremonia que nos concernía de un modo muy especial.

Como no habíamos tenido tiempo de jurar la bandera se organizó para nosotros una jura de nuestra enseña nacional, que tuvo el carácter de provisoria y levantó nuestro orgullo hacia las nubes.

Y ahí nos enteramos de que íbamos a Malvinas.

Puedo afirmar que, entre lágrimas y abrazos, ahí mismo se terminó de consolidar nuestro grupo.

Estuvimos brevemente en Puerto Argentino y luego, a bordo del barco Isla de los Estados fuimos enviados a Darwin con el objetivo de tomarlo.

Nuestro grupo de AOR era parte de la Compañía C, formada por tres secciones, Gato, Bote (la de Estévez) y Romeo, a cargo de Gómez Centurión.

Entre el 4 y 5 de abril nos asentamos en Darwin y comenzamos nuestras tareas de limpieza, minado y excavación de “pozos de zorro” y puestos de ametralladora.

Nuestro jefe directo era Estévez y el jefe de la compañía, el Teniente Primero Daniel Esteban.

Yo era tirador de MAG (ametralladora pesada) y fui elegido para eso debido a mi buena puntería en aquellos ejercicios anteriores en Chubut.

Disponíamos de 2 MAG, 2 lanzacohetes y fusiles FAP y FAL.

Nuestra base de operaciones era una escuela kelper construida íntegramente de madera, que constaba de dos pisos; ahí estaba ubicada la compañía C.

Recuerdo que, faltando algo de raciones, algunos oficiales y suboficiales se fueron a cazar avutardas y durante tres días esos pajarracos fueron parte distinguida de nuestro menú.

Disponíamos de un buen equipo de abrigo, muchas medias de recambio y guantes que nos protegían manos y pies del frío.

El 1º de mayo, a las 8 de la mañana, los Harrier ingleses atacaron a los Pucará estacionados en el aeropuerto de Darwin.

Nosotros estábamos ubicados a unos 500 metros del aeropuerto y vimos perfectamente todo.

Darwin es un caserío, una especie de pequeña bahía, todo bastante plano geográficamente hablando.

Luego del ataque abandonamos la escuela y nos instalamos en nuestros “pozos de zorro”.

De ahí en más, el agua y el frío fueron nuestros íntimos compañeros. Recuerdo que rezábamos al levantarnos y al acostarnos.

En los respiros que nos daban los desayunos hablábamos de nuestras respectivas familias y el hecho histórico y singular que estábamos protagonizando.

Todas esas cosas no hacían más que reforzar la alta moral que, inculcada por la labor encomiable de Estévez, existía en el grupo.

Debo añadir que el día 24 de abril hicimos nuestro juramento oficial a la bandera en suelo malvinense, privilegio que, creo, nadie lo tuvo.

La compañía se dividió.

Rumbo a San Carlos marcharon Esteban y los suyos al caserío de Darwin, Gómez Centurión con su gente y nosotros quedamos en nuestros “pozos de zorro” a cargo de Estévez.

Y permanecimos en aquel sitio hasta el 27 de mayo, momento en que el Teniente Coronel Piaggi le ordenó a Estévez que debíamos marchar hacia la primera línea de combate, debido a que los ingleses, que habían desembarcado en San Carlos el 1º de mayo, avanzaban hacia Darwin y ya se habían producido enfrentamientos con efectivos del Regimiento de Infantería 12.

Según nos testimonió el capellán militar padre Mora, al recibir la orden, Estévez se puso contento.

“Era lo que estaba esperando”, dijo. A las 2 de la madrugada del 28 de mayo llegamos a Boca House (Casa Boca), sitio cercano al cementerio de Darwin que ya era zona de combate.

Al hacerlo, nos cruzamos con gente del Regimiento 12, a cargo del Subteniente Peluffo, que venía de combatir.

Estévez nos hizo desplegar en abanico y quedamos distribuidos allí.

Luego, a la derecha del abanico, entró en contacto con el enemigo y nosotros, que aún no estábamos en las posiciones que debíamos ocupar, según las órdenes recibidas, nos unimos con los del 12 para permitirles un respiro pues, mientras ellos se replegaron, nosotros contraatacamos.

Al hacerlo, chocamos con la compañía A del batallón de paracaidistas ingleses, que tenía unos ciento cincuenta efectivos y estaban muy bien armados.

Se peleó muy duro, sin dar ni pedir cuartel, en un combate que desde las 5 de la mañana se prolongó hasta casi las 10.

Fueron casi cinco horas de auténtica estadía en el infierno.

Nosotros efectuamos tres repliegues y sucesivos contraataques.

Ellos tenían apoyos de las fragatas que estaban en San Carlos y de artillería, combinada con los Blowpipe (misiles antiaéreos) que barrían el terreno.

La disparidad de fuerzas era abrumadora a favor del enemigo.

Al hablar de lo que fue ese combate, recuerdo las balas trazantes que iluminaban la oscuridad, los morterazos, los gritos de dolor y de furia con que unos a otros nos animábamos.

Debido a la elevada preparación física espiritual con que contábamos, durante el combate estábamos calmos, tranquilos.

La angustia previa al choque con el enemigo nos había tenido nerviosos, pero ahora, en plena lucha, las cosas se revelaban tan simples como terribles.

Y en la sencillez del “matar o morir” todo estaba resumido.

Yo estaba a cargo de una de las dos MAG que teníamos y Zabala, otro soldado conscripto, era mi cargador de municiones.

Desde nuestro puesto disparaba a todo lo que veía o creía ver frente a mí.

De pronto, un proyectil de mortero cayó muy cerca de nosotros.

El pobre Zabala recibió de lleno las esquirlas y murió en el acto.

Yo recibí impactos de esquirlas en el perineal izquierdo.

Recuerdo que antes de perder la lucidez, atontado por la onda explosiva, le pedí a Dios que no me dejara morir allí.

Realmente no sé cuánto tiempo estuve inconsciente o atontado.

Luego, sin soltar mi MAG, me arrastré hasta un pozo cercano mientras sentía la tibieza de la sangre en mi piel y no sabía qué tan herido estaba.

Me zambullí en el pozo y encontré que allí había soldados del 12.

Ese pozo era como tener una butaca para contemplar el infierno.

El Cabo Castro había intentado llegar también al pozo donde yo estaba cuando un proyectil de fósforo lo alcanzó y lo envolvió, convirtiéndolo en una antorcha humana.

Oíamos sus gritos desgarradores.

El pobre decía: “¡Rodríguez, máteme!”- gritaba mientras se quemaba vivo.

A Romero, otro soldado que estaba allí, le gritó lo mismo, pero nadie se atrevió a dispararle y terminar con su agonía.

Un rato después no escuchamos más su voz; que Dios lo tenga en la gloria.

Y llego en mi relato a lo que considero el instante supremo del combate, desde mi situación personal por supuesto.

No hay que olvidar que en medio de ese caos del combate muchos estaban sufriendo experiencias únicas e indelebles.

La que les narro a continuación fue la mía:

El Teniente Estévez estaba recorriendo las posiciones, gritando órdenes a derecha e izquierda, todo esto, repito, bajo el terrible fuego enemigo.

Al salir del pozo contiguo al mío recibió dos balazos en el brazo y pierna izquierda, respectivamente.

Tambaleándose, llegó al pozo donde yo me encontraba.

Este valeroso oficial, sin preocuparse de sus propias heridas, me preguntó por las mías, pues yo estaba ensangrentado.

Le contesté que podía arreglármelas.

Estévez tomó un FAL y comenzó a disparar; luego, por radio estuvo dando nuevas órdenes.

Mi MAG la tomó otro soldado del 12 y abrió fuego contra el enemigo.

Ese soldado recibió un balazo en la cabeza, obra de francotiradores –los que mayores bajas causaron en nuestra dotación– y cayó muerto.

Éramos cinco en el pozo en ese momento.

Comenzamos a soportar fuego directo de morteros y las cercanas explosiones de los proyectiles que caían nos arrojaban lluvia de tierra sobre nuestras cabezas.

Estévez, lo repito, sin importarle sus heridas, tomó el casco del soldado muerto del 12 y me lo colocó en la cabeza para protegerme, ya que nosotros usábamos boinas verdes y eso no protege nada ante una bala o una esquirla.

En ese momento recibió un nuevo balazo en el pómulo derecho y se desplomó pesadamente a mi lado.

Tratamos de auxiliarlo y le oímos decir algo, que nadie entendió, y luego expiro.

Como estaba cargado de granadas, cualquier proyectil podía impactarlas y volarnos a todos, se las quitamos y sacamos el cuerpo fuera del pozo.

Luego, afuera, su cuerpo de héroe recibió numerosos balazos más, quedó casi irreconocible y la prueba de esto es que luego del combate lo reconocieron por la manera especial que tenía, como lo hacen los comandos, de atarse los cordones de los borceguíes.

Tomé la radio y después de algunos intentos logré comunicarme con el Teniente Coronel Piaggi y le informé que Bote (nombre clave de Estévez) estaba muerto.

Le pedí instrucciones: “Esperen y aguanten hasta que lleguen los Pucará de apoyo”- me contestó.

Los Pucará nunca llegaron.

Entretanto, los ingleses habían logrado tomar las alturas y desde allí su fuego nos estaba acribillando.

El Subteniente Peluffo, para evitar un inútil derramamiento de sangre, ya que habíamos agotado todas nuestras municiones, alzó la bandera blanca y todo terminó para nosotros.

Recuerdo que en nuestras posiciones los muchachos se pusieron a fumar o comer chocolates y caramelos, embargados de una total tranquilidad y satisfacción por haberse batido como bravos.

Al tomarnos, nos registraron como prisioneros y los ingleses descubrieron que teníamos ocultos cuchillos y “ahorcadores” (tanzas usadas para estrangular) y algunos recuerdos de tropas británicas que habíamos conseguido después de desembarcar.

Eso, más que nada, los hizo entrar en furia y nos golpearon.

A mí, que estaba herido en el suelo, tendido sobre un chapón, me propinaron un puntapié.

Debí soportar, como todos mis compañeros, el interrogatorio de la inteligencia inglesa.

El hecho de tener prisioneros “boinas verdes” en San Carlos y Darwin y la enconada resistencia que les opusimos les hacía no creer que cincuenta efectivos con sólo dos MAG, dos lanzacohetes y fusiles, hubieran podido detener a toda una compañía de tropas altamente especializadas, obligándolas a replegarse tres veces durante aquellas cinco horas infernales.

Así fue, ciertamente, el combate de Goose Green o Pradera del Ganso.

Algunos pocos soldados del 8 y del 12 y nuestra sección AOR dio material al jefe del comando inglés, Brigadier Mayor Julián Thompson, que en su libro No pic-nic describió la dureza de esta batalla que retrasó considerablemente los planes ingleses de tomar Darwin.

También supe que en otra acción durante el 29, el Teniente Coronel Jones, Jefe del Batallón de paracaidistas ingleses, murió en un choque con las fuerzas de la sección Romeo, a cargo del Subteniente Gómez Centurión.”

El Teniente Estévez es un argentino ilustre, ilustre no por que lo adornaran las luminarias del éxito mundano y el reconocimiento publico, sino todo lo contrario, podemos decir que es tan heroico como anónimo.

Como esas obras de arte medieval que los autores no firmaban, pues solo les interesaba el reconocimiento que Dios le pudiere dar a la misma y que por ello la hacían, para agradarlo.

En esta Argentina democrática donde cualquier héroe es “desmitrificado” por los O´Donell o los Gracia Hamilton, parecería que es mejor que nuestro Teniente Estévez sea casi ignorado.

No hace falta ser conocido para ser héroe y si parece hacer falta los autógrafos y el foco de luz para los antihéroes, de costumbres degradadas y alma negra, a los que se les dice Dios y se lo creen.

Por todo ello queremos hoy rescatar algunas cosas importantes de este joven que viviera una corta y fecunda vida, mas fecunda que la de muchos viejos que han pasado la suya tratando de salvarla, sustrayéndose al riesgo, al peligro, a la lucha.

La caída en combate de nuestro Teniente en la batalla de Pradera del Ganso durante la gesta de Malvinas nos lo muestra como un gaucho argentino cabal, con todo lo que conlleva ello, la espiritualidad netamente católica.

La valentía: va al primer lugar del combate a poner el pecho al fuego del invasor colonialista para cubrir la retirada de sus camaradas.

El resignado espíritu de sacrificio que nos recuerda aquella frase evangélica “No hay nada mas hermoso que dar la vida por los amigos”.

Le dice al capellán que era “justamente lo que esperaba” estar en la primera línea de combate cubriendo el repliegue de una compañía, aquella terrible noche del 28 de mayo, cuando los ingleses se empeñaron a pleno con los paracaidistas y la infantería de marina apoyados por las fragatas.

Nuestro teniente, le enseñaría al enemigo como lucha y como muere un gaucho argentino.

No rindió su posición cuando cualquier otro militar extranjero la hubiera evacuado estando el enemigo ingles a menos de 100 metros, perforado por varios balazos seguía combatiendo y dando órdenes a sus subordinados.

Claramente manifestó que no se replegaría.

Desde chico demostró inclinaciones nacionalistas y patrióticas, lo cuenta en la carta póstuma que dirige a su padre.

Ya en aquel entonces el anhelo de Roberto era a servir a algo que intuía superior, a esa unidad de destino que luego amaría locamente por amor a Dios: la Argentina.

Ya en aquel entonces la causa Malvinas estaba presente en su espíritu.

Hasta sus juegos de niño estarían orientados a la recuperación de la soberanía conculcada de la Patria y así se rebelaría su vocación tendiente a defenderla.

En el momento supremo de luchar no se preguntó si era oportuno hacerlo.

No actuó con la mente de un político, sino con la de un patriota dispuesto a entregarlo todo sin pedir absolutamente nada.

Es que el patriotismo llevado a la heroicidad implica la magnanimidad.

Aplicar la grandeza del alma ordenada a las necesidades superiores de la Patria y de ser necesario como en el caso de nuestro Teniente a morir por ella.

Nada tenia mas valor para él que cumplir con ese mandato, ni su propia vida ofrendada si se quiere con terquedad y empecinamiento, un santo empecinamiento.

Su patriotismo no era meramente sentimental sino que era esclarecido, sabia perfectamente quien era el enemigo y cual era el poder que tenia.

Sabía que ese poder era el sionismo, el imperialismo norteamericano y el Poder Internacional del Dinero y finalmente sabía que iba a enfrentarse a ese poder encarnado en los británicos.

Una anécdota nos ilustra al Estévez soldado y su espíritu de sacrificio.

Sus ansias de tener conocimientos y dotes técnicas lo llevaría a seguir el curso de Comandos en la Escuela de Infantería de Campo de Mayo.

Durante uno de los durísimos ejercicios sufre un paro cardio respiratorio. Ante esto casi siempre los alumnos abandonan el curso.

Estévez continuo y pese a todo concluyo con éxito el mismo.

Ya era conocido desde el Colegio Militar como un soldado de tomo y lomo que no solo ordenaba y marcaba el camino a seguir sino que era el primero en recorrerlo.

Si bien era férreo en el mando también era al mismo tiempo un gran camarada.

Ser soldado, esa era su misión.

No le interesaba y le parecía detestable seguir la carrera militar para tener una profesión de prestigio y un sueldo relativamente pasable o como era común en ciertos casos para practicar equitación o aprender a jugar al polo, lograr ascenso social y revestirse de oropeles de falsa aristocracia.

Tenia una clara visión política, ante el hecho Malvinas.

Advierte sagazmente y evaluaba que había un retorno a la Religión Católica, se producía una unidad en Hispanoamérica que contradecía a la “farsa liberal”.

Se lograba unidad nacional ante la causa común y especulaba con tirar por la borda 132 años de claudicaciones para que brillara de nuevo la Argentina Católica e Hispánica.

Ese es el modelo de soldado al que aspiramos como nacionalistas.

Ese será el modelo en el que forjaremos las futuras Fuerzas Armadas Argentinas si Dios nos lo permite Como podemos ver el espíritu del Teniente es el espíritu de la Gesta de Malvinas, espíritu de gauchos, de patriotas y de soldados, Ese espíritu que nos hizo ver que debajo de la hojarasca, debajo de la basura que ya se descargaba contra nuestra Patria, aun había un resplandor de gloria esperando ser rescatado.

Un resplandor que hoy a un cuarto de siglo después, y mas allá de la traición y la destrucción sufrida, aun se encuentra allí destellando bajo la turba junto a los huesos sagrados de nuestros queridos muertos.

A continuación la carta que escribió el Teniente Estévez la cual se convirtió en documento histórico nacional:

Querido papá,Cuando recibas esta carta yo ya estaré rindiendo cuentas de mis acciones a Dios Nuestro Señor.

El, que sabe lo que hace, así lo ha dispuesto: que muera en cumplimiento de mi misión.

Pero fijate vos, ¡que misión! ¿no es cierto?

¿Te acordás cuando era chico y hacía planes, diseñaba vehículos y armas, todos destinados a recuperar las islas Malvinas y restaurar en ellas Nuestra Soberanía?.

Dios, que es un Padre Generoso ha querido que éste, su hijo, totalmente carente de méritos, viva esta experiencia única y deje su vida en ofrenda a nuestra Patria.

Lo único que a todos quiero pedirles es:

1) que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo.

2) que me recuerden con alegría y no que mi evocación sea la apertura a la tristeza y, muy importante,

3) que recen por mí.Papa, hay cosas que, en un día cualquiera, no se dicen entre hombres pero que hoy debo decírtelas:

Gracias por tenerte como modelo de bien nacido; gracias por creer en el honor; gracias por tener tu apellido; gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar.

Hasta el reencuentro, si Dios lo permite.

Un fuerte abrazo.

Dios y Patria ¡O muerte!

Roberto

viernes, 20 de noviembre de 2009

CORONEL MOHAMED ALI SEINELDIN

El Coronel Seineldín fue: oficial del arma de infantería egresado del Colegio Militar de la Nación; Paracaidista; Comando; Buzo Táctico de la Infantería de Marina egresado en Mar del Plata; Oficial de Estado Mayor de la Escuela Superior de Guerra.

Instruyó y dirigió las fuerzas de elite de la República de Panamá.

Fue instructor de numerosos comandos de oficiales y suboficiales argentinos en el Colegio Militar y en la Escuela de Infantería instruyó a hombres de las tres FFAA y de las fuerzas de seguridad.

El 2 de abril de 1982 contaba con 48 años de edad y era Jefe del Regimiento de Infantería Nº 25 Encargado de Recuperar las Islas Malvinas.

Nació el 12 de noviembre de 1933, en Concepción del Uruguay, en la Provincia de Entre Ríos; sus estudios primarios y secundarios los realizó en Concordia, ciudad hasta donde se trasladó su familia.

En 1957 egresó del colegio militar de la Nación, con el grado de Subteniente del arma de infantería.

Su primer destino militar fue en la ciudad de Monte Caseros, en Corrientes; posteriormente, prestó servicios en la Escuela de Suboficiales "Sargento Cabral" y en el Colegio Militar de la Nación, establecimientos de formación de los futuros suboficiales y oficiales del Ejército Argentino.

Más tarde fue jefe de una compañía de paracaidistas en Catamarca.

Cuando completó sus estudios superiores en la Escuela Superior de Guerra, se le otorgó el título de Oficial de Estado Mayor.

Luego se desempeñó como profesor en esta misma escuela.

Colaboró en los planes de estudio de diversos organismos de la Policía Federal Argentina.

Fue jefe de los cursos de "Comandos" del Ejército; y participó en el operativo Independencia de la Provincia de Tucumán.

Como consecuencia de su manifiesta oposición al relevo del Comandante en Jefe del Ejército, General Numa Laplane, por cuanto vislumbraba que este episodio no era aislado sino que formaba arte de una estrategia para el desplazamiento del Gobierno Nacional, fue relevado de sus funciones en la Escuela de Infantería, en 1975.

No obstante, fue seleccionado para la formación y conducción de una unidad especial de "Comandos" para la prevención de atentados terroristas durante la realización del Campeonato Mundial de Fútbol, en 1978.

En oportunidad de suscitarse el conflicto con Chile, fue trasladado hacia la Patagonia.

En 1981 y 1982 fue Jefe del Regimiento de Infantería 25, en Sarmiento, provincia de Chubut.

El 2 de Abril de 1982 compartió, con esta Unidad militar, el honor del desembarco en las Islas Malvinas; las páginas de gloria que este Regimiento logró se forjaron con los actos del heroísmo y los éxitos en el cumplimiento de las misiones asignadas.

Luego de su ascenso al grado de Coronel, en 1984, fue asignado a la República de Panamá como Agregado Militar, por el Gobierno Nacional.

En ese cargo se desempeñó durante 1985 y 1986; concluido ese período y, por especial solicitud del Gobierno de Panamá, le fue extendida su comisión en ese país en el carácter de "Asesor Militar".

Desde ese puesto clave, contribuyó a la formación del Ejército de Panamá, comenzando con sus Institutos de Formación.

Cuando los EE.UU. invadieron Panamá, en 1998, fue el único militar Argentino que rechazó públicamente esta arbitrariedad.

Su participación en los Pronunciamientos militares Argentinos tuvieron el único objetivo de impedir la disolución de las Fuerzas Armadas, espiritualmente afectadas tras Malvinas y la lucha contra la Subversión.

Conocedor de los planes internacionales para con Latinoamérica, buscó, a través de éstas manifestaciones, impedir que se cumplieran los esquemas contra las Fuerzas Armadas propuestas por el señor Bush, en su "Manual para destruir a las Fuerzas Armadas de Latinoamérica".

Desde el 3 de diciembre de 1990 cumplio condena por 'tiempo indeterminado", en el Penal Militar de Campo de Mayo, por amar a su Patria y ser fiel al Ejército de la Nación Argentina.

El 20 Mayo de 2003, con un indulto del Presidente Eduardo Duhalde, recupera su libertad.

AGRADECIMIENTO

Hace quince años, el Ejercito Argentino se encontraba en un total estado de anarquía, producto de las políticas militares aplicadas por el gobierno alfonsinista, y lamentablemente agravada por inoperancia de los mandos que regían en ese momento la Institución, quines no encontraban el camino a seguir.

Sin buscarlo, las circunstancias me llevaron a las puertas de este grave conflicto, dejándome en el medio de dos alternativas: la primera eludirla, y las segunda participar.

Mi responsabilidad, y los pedidos de mis subalternos, me impulsaron a aceptar la ultima opción: PARTICIPAR.

A partir de este momento, invitado por Menem para trabajar en el tema, me dedique a resolver el conflicto, en razón de que no era de difícil solución.

Transcurrido los primeros meses, advierto que había caído en la trampa de una mafia política.

Esta circunstancia me obligo a interceder ante el gobierno menemista,- utilizando todos los medios pacíficos disponibles -, para que se cumpliera lo firmado, y evitar así el desmantelamiento de la Defensa y Seguridad de los argentinos.

Como única respuesta, recibí burlas, engaños e indiferencias, no quedándome finalmente otro camino, que ordenar el Pronunciamiento Militar del 3 de diciembre de 1990.

Ante el revés sufrido, fuimos primero condenados a ser fusilados, y posteriormente, ante el cambio de condena por intervención del Santo Padre y del Doctor Don Arturo FRONDIZI, fuimos hacinados en cárceles comunes y prisiones militares, donde estuvimos a los largo de casi trece años, jaqueados por permanentes difamaciones.

HOY 20 DE MAYO, AL QUEDAR INDULTADOS POR DECISION DEL Señor PRESIDENTE DE LA NACION DON EDUARDO DUHALDE, ES MI DESEO HACER LLEGAR MI AGRADECIMIENTO A TANTOS HERMANOS Y AMIGOS QUE AYUDARON A MI SENORA ESPOSA PARA EL LOGRO DE MI LIBERTAD, PERO MUY ESPECIALMENTE, AL BUEN PERIODISMO ARGENTINO, QUIENES HACIENDO GALA DEL EJECICIO DE LA VERDAD, EXPUSIERON CON VALENTIA Y EN PROFUNDIDAD TODOS LOS HECHOS.
GRACIAS A ESTE VALIOSO ESFUERZO, HOY CIRCULO EN LA CALLE SALUDADO AMABLEMENTE POR NUESTROS CONCIUDADANOS.

MUCHAS GRACIAS.
POR DIOS Y LA PATRIA

Mohamed Ali SEINELDIN

BUENOS AIRES, 22 de mayo de 2003.
Semana de la Revolución de Mayo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

CAPITAN DE FRAGATA PEDRO EDGARDO GIACHINO

Nació el 28 de mayo de 1947 en la Provincia de Mendoza, donde realizó sus estudios primarios y secundarios.
Ingresó a la ARMADA ARGENTINA el 3 de febrero de 1964 como cadete del Curso Preparatorio de la ESCUELA NAVAL MILITAR.

En dicho Instituto se destacó por sus cualidades deportivas y su envidiable sentido del humor.

Se inclinó por la Infantería de Marina, destacándose rápidamente por su elevado espíritu militar.

Luego de finalizar el Viaje de Instrucción a bordo de la Fragata A.R.A. "LIBERTAD".

Se recibió de Guardiamarina de Infantería de Marina el 30 de diciembre de 1967, integrando la Promoción 96 de cadetes navales.

En febrero de 1968 realizó un intensivo curso de Comandos para infantes de Marina en Tierra del Fuego.

El entonces Guardiamarina GIACHINO ya se destacaba y se perfilaba como líder nato.

- Su primer destino fue el BATALLÓN DE INFANTERÍA DE MARINA N° 5 Ec.

- Recibió instrucción básica de andinismo en la ESCUELA DE ANDINISMO DEL EJERCITO ARGENTINO, en SAN CARLOS DE BARILOCHE.

Luego fue trasladado al BATALLÓN DE INFANTERÍA DE MARINA N° 3, en la Ciudad de ENSENADA.

- Sus inclinaciones por el combate en circunstancias especiales, lo llevaron a realizar el curso de Reconocimiento Anfibio en el año 1970.

- En 1971 aprobó el curso de Comandos para Personal Superior en la ESCUELA DE INFANTERÍA DEL EJERCITO ARGENTINO, en el que sobresalió por sus condiciones profesionales.

Completó su formación como comando anfibio al calificarse como paracaidista militar en la BRIGADA DE INFANTERÍA AEROTRANSPORTADA DEL EJERCITO ARGENTINO, en la Provincia de CÓRDOBA.

Ascendió a Teniente de Navío el 31 de diciembre de 1975, aprobando al año siguiente el curso de Capacitación para Oficiales de Infantería de Marina en la ESCUELA DE OFICIALES DE LA ARMADA, en la BASE NAVAL PUERTO BELGRANO, donde evidenció su sólida formación profesional, así como su proverbial espíritu de compañerismo.

Luego, en el BATALLÓN DE INFANTERÍA DE MARINA N° 1 fue Jefe de una Compañía de Tiradores.

Posteriormente ocupó el cargo de Jefe de Operaciones de la AGRUPACIÓN COMANDOS ANFIBIOS y más tarde el de Ayudante del Jefe de Operaciones e Inteligencia de la FUERZA DE APOYO ANFIBIO.

El 31 de diciembre de 1981, ya como Capitán de Corbeta, asume su último cargo:

Segundo Comandante del BATALLÓN DE INFANTERÍA DE MARINA N° 1, en la BASE DE INFANTERÍA DE MARINA BATERÍAS.

Para las operaciones de recuperación de nuestras Islas MALVINAS, GIACHINO fue Jefe de una patrulla de Comandos Anfibios y Buzos Tácticos que desembarcó el 1 de abril de 1982 durante la noche, en una playa al Sur de PUERTO ARGENTINO.

Su misión era lograr la rendición del Gobernador británico antes de que el grueso de las tropas argentinas irrumpiera en la localidad.

Con ello GIACHINO debía evitar un sangriento e inútil combate en plena planta urbana.

La patrulla desembarcó desde el Destructor A.R.A. "SANTÍSIMA TRINIDAD", logrando llegar a las playas en botes de goma; las fuerzas enemigas de la zona no advirtieron el desembarco nocturno de los hombres de GIACHINO.

A las seis de la mañana del 2 de abril de 1982, GIACHINO rodeó con sus hombres la casa del Gobernador británico y le intimó rendición; los británicos, sorprendidos, abrieron luego sobre la patrulla.

Tal como prescribían las órdenes recibidas, GIACHINO procedió sin provocar bajas ni danos al oponente; sin duda, estas órdenes son las más difíciles que pueda recibir un militar, pero GIACHINO estuvo a la altura de las circunstancias.

Repite varias veces su intimación; los británicos redoblaron sus disparos sin dar indicación de tregua alguna.

Treinta minutos después, la primera ola de asalto de la Fuerza de Desembarco Argentina toca tierra en las playas distantes unos siete kilómetros de donde GIACHINO estaba tratando de lograr la rendición del Gobernador.

La recuperación de las Islas se estaba consumando.

Pocos minutos después, los vehículos anfibios blindados de la Infantería de Marina Argentina rodaban hacia PUERTO ARGENTINO, mientras naves de la FLOTA DE MAR hacían ver sus siluetas en la bahía.

Si las tropas argentinas entraban a la localidad, se iniciaría el combate con los británicos en el mismo pueblo, circunstancia que debía evitarse a toda costa.

GIACHINO supo que debía actuar para impedirlo, de acuerdo con sus órdenes.

En su condición de Jefe, tomó la decisión más importante de su vida.

En la evidencia de la inutilidad de lograr la rendición británica, avanzó solo hacia el interior de la casa del Gobernador, derribó una puerta.

Una ametralladora enemiga le hizo fuego a quemarropa, cayó hacia atrás.

Gritó a sus hombres que se cubrieran.

Su segundo (Teniente de Fragata DIEGO GARCÍA QUIROGA) quiso sacarlo de la línea de fuego, recibiendo a su vez una descarga que lo hirió gravemente.

El cabo enfermero URBINA intentó rescatar a sus dos jefes, siendo también herido; aun así, logró dar los primeros auxilios a los oficiales y a sí mismo.

La presión de la situación general, motivó al Gobernador británico a ordenar la suspensión del fuego y pedir parlamento.

La misión del Capitán GIACHINO se había cumplido:

El Gobernador se rindió antes de que las tropas argentinas hicieran su entrada a PUERTO ARGENTINO.

El precio fue la vida de nuestro héroe, quien muere minutos después a causa de las severísimas heridas recibidas.

Sus últimas palabras fueron para su esposa CRISTINA y sus dos hijas, VANESA y CARINA.

Ascendido "Post Mortem" al grado de Capitán de Fragata de Infantería de Marina.

Sus restos descansan en MAR DEL PLATA, donde reside su familia.

Fue condecorado "Post Mortem" con la máxima distinción que otorga la NACIÓN ARGENTINA:

"LA CRUZ AL HEROICO VALOR EN COMBATE".

La ARMADA ARGENTINA reconoce en el Capitán GIACHINO al arquetipo del jefe, que lidera a sus hombres en combate asumiendo personalmente los riesgos mayores y que, ante órdenes recibidas, las ejecuta puntillosamente, aun a costa de su propia vida.

No delegó en sus subordinados la tarea más peligrosa.

La tomó para sí, lo que es privilegio de los grandes.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

SARGENTO PRIMERO MARIO ANTONIO "PERRO" CISNEROS

Nace en Catamarca el 11 Mayo de 1956.
Ingresó a la ESSC en el año 1972, egresando como Cabo de Infantería en Diciembre de 1973.
En 1977, hizo el Curso de Formación de Comandos.

A partir de allí se convierte en uno de los instructores más notorios del curso, influyendo decisivamente en la personalidad y el espíritu de muchos de los futuros Comandos de esa especialidad.
Con el grado de Sargento, en la segunda quincena de mayo de 1982, llega a las Islas Malvinas, integrando la Ca Cdo(s) 602. Muere heroicamente combatiendo contra fuerzas del SAS del Ejército Británico.

Por su perseverancia y fidelidad a sus principios, lo apodaban "Perro".
El Sargento Cisneros es una verdadera leyenda entre los que ostentan con orgullo la aptitud de comando, y un ejemplo para todos los que pertenecen al Arma de Infantería.

Recibió la condecoración “La Nación Argentina al Muerto en Combate”.

Durante su preparación militar, el Sargento Cisneros cumplió misiones como instructor de comandos en un destacamento militar de la provincia de La Pampa.

Al estallar el conflicto, donó el 50% de su sueldo al Fondo Patriótico y solicitó en reiteradas oportunidades ser trasladado al frente de lucha.

En mayo logra finalmente su traslado.

Cuando salió de La Pampa les escribió a sus camaradas
“...no me entrego prisionero, ganamos o no vuelvo”.

Cuando partió de Buenos Aires hacia el sur, le dijo a su hermano que lo acompañaba “si no vuelvo no me lloren...”.

Su nombre y sus hazañas recogieron toda la admiración de la Patria Sudamericana.

En su honor llevan el nombre de Mario Antonio Cisneros la 1° sección de la Compañía de Tropas Especiales de la República de Panamá, la Compañía de Comandos “Chorrillos”, en la República de Perú, país en donde fue declarado Héroe Nacional, el Hall Histórico de la Compañía de Comandos 601 en Campo de Mayo, el aula de Instrucción en el Destacamento de Inteligencia 143 en Neuquén, el aula de instrucción de Cuadros en el Destacamento de Inteligencia 162 de La Pampa, el Casino de Suboficiales de La Pampa, entre otros lugares.
En la preparación de una emboscada a soldados del grupo de élite SAS, tuvo suceso esta conversación entre el Teniente primero Quiroga y el Sargento Mario "Perro" Cisneros...

En esos momentos Quiroga aprovechó unos minutos para acercarse al lugar donde estaba Cisneros, sentado detrás de una gran piedra buscando protección.

Cruzaron un par de frases y fue en ese momento que tuvo una extraña sensación.

Nunca supo si por efecto de la luz de la luna, su rostro reflejó mucha paz, como presintiendo que algo le iba pasar.

Lo percibió a flor de piel.
Estaban a centímetros uno del otro.-
"¿Todo bien?", le dijo.-"Sí, todo bien".
La respuesta despertó aun más su atención y sobre todo por la expresión del rostro.
Quiroga insistió.-
"¿Hay algo que te preocupa? ¿Está todo tranquilo?, ¿todo bien?"-
"Está todo bien". Repitió.-
"¿Estás cansado?"-"No, para nada.
En estos momentos estuve pensando y haciendo como un balance de mi vida."-
"Pero Perro, ¿por qué ahora?
No me estás hablando de cómo está el terreno más adelante o si tenemos cobertura para hacer la emboscada.
¿Por qué me hablas sobre esas cosas?"- "No sé".
Y volvió a repetirle, en medio de un gran silencio que los rodeaba.-
"Estuve pensando sobre mi vida, recordando mi infancia, a mis padres.
Y vos, ¿tuviste noticias de tu familia?"-
"Sí". Contestó.
Hablaron sobre la emboscada y lo dejó solo con sus pensamientos.
Otra vez el silencio.
En esas horas desesperantes, de gran incertidumbre, Vizoso le ofreció un pedazo de chocolate.
Cortó la mitad con su cuchillo y se lo pasó.-
"Le agradezco mucho su gesto, mi teniente primero.
Con la hambruna que tenemos de varios días sin comer, me parece admirable que lo comparta conmigo."
– (Lo dijo con voz impostada producto de no haber hablado por largo tiempo).-
"Es que los comandos debemos ser como los mosqueteros, 'uno para todos y todos para uno'.
Y compartirlo con usted me permite comer a mí también", respondió restándole importancia.
Cisneros siguió hablando.-
"Aunque a usted le parezca mentira le tengo mucho aprecio, mi familia conoce a la suya y son de buena semilla, se lo digo de todo corazón porque en estas circunstancias no caben las obsecuencias."-
"Le agradezco su sinceridad y nosotros compartimos los mismos sentimientos respecto de la suya.
Sabemos que son hombres de palabra", acotó el oficial.-
"Al igual que ustedes, buscamos siempre la verdad.
Usted me permitió que tuviese la ametralladora y no se arrepentirá de habérmela dejado.
Estoy muy contento por eso".-
"Somos personas simples.
Estamos en peligro de muerte y las cosas que valoro son las espirituales y no quisiera presentarme ante el Creador sorprendido en medio de mis vicios".-
"Tiene razón, mi teniente primero pienso lo mismo.
Lo único que me interesa es mantener, aun a costa de mi vida, los ideales de Dios, Patria y Familia."
-"Sargento, creo firmemente que estamos en este mundo para probar nuestro amor, mantener la verdad más allá de los sufrimientos.
La mentira está por todas partes con sus atracciones que nos arrastran por el lodo, pero cuando uno se encuentra, en un lugar olvidado de Dios, con un hombre que sé los quilate que pesa, me llena de fuerza para continuar la lucha.
Ambos sabemos que las cosas no están bien, a pesar de ello estoy dispuesto a dar todo de mí, cueste lo que cueste."
-"Esas últimas palabras me resultan familiares.
Se las puse a mi familia en carta."-
"Usted es famoso por su perseverancia, fidelidad a sus principios y por eso le dicen el Perro.
Sé que esta noche no será fácil para nosotros, pero también sé que tanto la vida actual como la muerte no tienen sentido si no pensamos en la Resurrección.
Y donde los que compartimos los ideales cristianos nos volveremos a ver."-
"En la Resurrección nos veremos, mi teniente primero."
-"Sargento, en el encuentro con la eternidad hace mucho frío, tuve una experiencia muy desagradable en la cordillera de los Andes.
Me siento entumecido.
Allí aprendí que la unión hace la fuerza.
¿Por qué no nos juntarnos espalda contra espalda y conformamos nuestros sectores de fuego?"-
"Estoy de acuerdo.
"Y así lo hicieron.
El Perro quedó mirando hacia la izquierda y Vizoso hacia la derecha y en mejores condiciones para enfrentar al enemigo.
Callaron, ensimismados en sus pensamientos.
Pasaron varias horas.
Cerca de la medianoche los cañones del enemigo dejaron de tronar.
Sobrevino la calma.
Sabían que la muerte acechaba.
Repentinamente, el cielo se encendió con una intensa luz que iluminó la zona de combate.
Las bengalas buscaban señalar los objetivos para la artillería.
Desde su posición divisaron los fogonazos de las bocas de los cañones.
El fuego no duró mucho.
No dijeron nada.
De nuevo el silencio.
El intenso frío los afectaba cada vez más.
Ateridos, entumecidos, las manos doloridas por el contacto con el helado acero de las armas.
Los ingleses aparecieron como buscándolos, desplazándose hacia la zona de muerte de la emboscada.
Eran las fuerzas de elite del SAS.
Vizoso recuerda:
"Su presencia había sido advertida por el escalón de seguridad del teniente Rivas que estaba ahí y nosotros del otro lado.
Mientras daban la voz de alarma, dejaron pasar la vanguardia inglesa compuesta por alrededor de 10 soldados, lo que indicaba que se trataba de una fuerza completa de entre 20 y 30 hombres.
Entraron por la derecha y nosotros estábamos casi en el extremo izquierdo, y por esas cosas de la guerra, el alerta rojo no llegó al escalón apoyo que integrábamos Cisnero y yo”.
De pronto, sintió tensionada la espalda de Cisnero.
Giró la cabeza hacia él, sorprendido.
Vio cuando abrió fuego con la Mag.
En aquella emboscada a un grupo de comandos de elite ingleses, el perro murió del impacto de un cohete Law, de 66 mm, que dio de lleno en su pecho que lo mató instantáneamente.
La onda expansiva levantó a Vizoso por los aires, que cayó pesadamente sobre las rocas.
Cuando reaccionó, le preguntó a su compañero-"
¿Qué te pasa hermano?
"El silencio fue la única respuesta.
Lo dio vuelta tomándolo con sus dos manos.
Estaba muerto, con los ojos muy abiertos.
Quiso tomar la ametralladora, pero el pedazo más grande era una parte de la culata, otro de la armadura y tramos de la banda con municiones.
Después de enfrentar a los ingleses con heroísmo, herido y sangrante, escuchó la llamada de sus camaradas.
Estaba salvado.
Se dio vuelta y saludó al inerte sargento.
-Chau, Perro, hasta el encuentro con la eternidad.
Lo tocó y se fue casi desangrándose.
Escrito encontrado en la libreta de combate del Sargento Mario Antonio "perro" Cisneros.
Caído en combate en la Gesta de Malvinas en 1982:
Oh Dios, señor de los que dominan, Guía Supremo que tienes en tus manos las riendas de la vida y la muerte.
Escúchame: Haz, Señor, que mi alma no vacile en el combate, y mi cuerpo no sienta el temblor del miedo.
Haz que te sea fiel en la guerra, como lo fui en la paz.
Haz que el silbido agudo de los proyectiles alegren mi corazón.
Haz que mi espíritu no sienta la sed, el hambre, el cansancio y la fatiga, aunque lo sientan mis carnes y mis huesos.
Haz que mi alma, Señor, esté siempre dispuesta al sacrificio y al dolor, que no rehúya, ni en la imaginación siquiera, el primer puesto de combate, la guardia mas dura en la trinchera, la misión más difícil en el ataque.
Pon destreza en mi mano para que el tiro sea certero, y caridad en mi corazón.
Haz, por favor, que sea capaz de cumplir lo imposible, que desee morir y vivir al mismo tiempo.
Morir como tus Santos Apóstoles, como tus Viejos Profetas, para llegar a Ti.
Señor te pido que mi cuerpo sepa morir con la sonrisa en los labios, como murieron tus mártires.
Te ruego mantengas mi arma en vela y mi oído atento a los ruidos de la noche.
Te pido por mi guardia constante en el amanecer de cada día y por mis jornadas de sed, hambre, fatiga y dolor.
Si llegara a cumplir estos anhelos, podrá entonces mi sangre correr con júbilo por los campos de mi Patria, y mi alma subir tranquila a gozarte en el tiempo sin tiempo de la eternidad.
Señor, ayúdame a vivir, y de ser necesario, a morir como un soldado.
Concédeme Oh! Rey de las Victorias, el perdón de la soberbia.
He querido ser el soldado mas valiente de mi Ejército y el argentino más amante de mi Patria.
Perdóname este orgullo, Señor.

martes, 17 de noviembre de 2009

SARGENTO JUAN BAUTISTA CABRAL

Un Humilde Homenaje al Sargento Bautista Cabral, recordado su nombre pero no a veces su historia personal ¿Donde nació Cabral?
Cabral, nació en un establecimiento de campo de Saladas, Provincia de Corrientes, fue hijo de Carmen Robledo y Francisco, servidor de los dueños de la estancia donde residían sus padres.

Adoptó ese apellido por los usos y costumbres de aquella época.
Posteriormente se sabría que el verdadero padre de Juan Bautista Cabral sería José Jacinto Cabral y Soto.

Por lo tanto, el héroe de San Lorenzo tiene antecedentes de ocultos linajes a través de su padre; un linaje, una estirpe que no se afrentan en cuanto ser ontológico, Cabral lleva consigo todo lo de trascendente que su humana condición implica y que además confirma con su renunciamiento sublime en el Campo del Honor.

La fecha de nacimiento de Cabral permanecerá en la sombra de la
in documentación.
Únicos registros posibles -los libros de bautismo- se los supone desaparecidos en episodios de fuego sufridos por la iglesia lugareña, razón por la cual solamente podemos tener algún indicio a través de la tradición oral.

Si aceptamos como válida la confesión de Luis Cabral a su esposa Tomasa de Casajús acerca de la filiación de hijo natural y el no bautismo hasta después de la muerte del declarante, debemos conocer algunos detalles de esta cronología.

Así sabemos que Luis Cabral y Soto fue Alcalde Provincial de Corrientes en 1818, lo que nos indica claramente que no pudo haber sido bautizado sobre la base de esta confesión porque ya se había producido el hecho irreversible de San Lorenzo.

La tradición familiar que se cita es el equivalente a la tradición oral que hemos considerado ya, en cuanto ninguna de ellas tiene la base cierta del documento fehaciente que otorga credibilidad a lo que se expresa.

No obstante esta indefinición en cuanto a la fecha de nacimiento, en el calendario escolar del Consejo General de Educación de la provincia de Corrientes se incluye como día del natalicio de Juan Bautista Cabral el 13 de agosto, en que las Escuelas de su jurisdicción rinden homenaje al héroe de San Lorenzo.

" Su Incorporación al Escuadrón de Granaderos a Caballo "San Martín"

"Con la llegada del entonces Teniente Coronel don José de San Martín a Buenos Aires en marzo de 1812, el gobierno cuenta con un militar de avanzada profesionalidad, conocedor de las tácticas y estrategias de los ejércitos europeos, como que se ha batido exitosamente contra las huestes napoleónicas en la península ibérica.

Pronto las autoridades le encargan la creación de un cuerpo de caballería de sólo un escuadrón a dos compañías con la designación inicial de Escuadrón de Granaderos a Caballo.

Se lo distinguía así de los granaderos de infantería cuya presencia en unidades preexistentes de esta arma era habitual y estaban destinados e instruidos para acciones que requerían coraje y audacia, virtudes morales a las que debían aunar porte y elevada estatura, cualidades todas indispensables para esta tropa selecta.

Producido el decreto de creación de este Primer Escuadrón de Granaderos montados, que fue puesto bajo responsabilidad directa de San Martín, se designaron colaboradores de éste a Carlos de Alvear y José Zapiola -sus compañeros de viaje en el regreso a la Patria- a quienes se les otorgó rango de Sargento Mayor y Capitán, respectivamente.

El núcleo inicial de la tropa y clases fue tomado de los Dragones de la Patria, unidad de caballería preexistente.

De allí en más, San Martín inicia una ímproba tarea organizando el Cuerpo, seleccionando hombres e instruyéndolos tanto en las categorías de Oficiales como de Tropa.

Posteriormente se denominaría Regimiento de Granaderos a Caballo "GENERAL SAN MARTÍN".

Pronto se incorporaron soldados veteranos y simples reclutas provenientes de la campaña de Buenos Aires y de las provincias interiores.

El 3 de noviembre de 1812, el Teniente Gobernador de Corrientes, Teniente Coronel Toribio de Luzuriaga, remite a Buenos Aires un grupo de "Mozos destinados al Servicios de las Armas", entre los que se hallaba Juan Bautista Cabral.

El grupo viene a órdenes del Teniente de Voluntarios de las Milicias de Corrientes Juan Bautista Parrety y el viaje lo hacen en dos tramos bien diferenciados; hasta Santa Fe lo realizan por vía fluvial, era imprescindible para evitar encuentros con buques de la flota española que incursionaban por el río Paraná con la finalidad de obtener provisiones para sus tropas sitiadas en Montevideo a la vez que para obstaculizar las comunicaciones y comercio con el Paraguay.

Concluida la misión del Teniente Parrety, el gobierno de Buenos Aires ordena al Comisario de Guerra que entregue al mismo la cantidad de sesenta pesos como gratificación, a fin de que pueda equiparse para el regreso como así también se le otorgue pasaporte para el mismo y un asistente, ocupando tres caballos.
Cabral fue incorporado en la primera Compañía del Primer Escuadrón y ello se conoce mediante dos documentos: uno de ellos, el más conocido es la nómina de los muertos en San Lorenzo, con el destino interno de cada granadero en su regimiento, que se publica en la Gazeta; el otro, menos conocido, es la factura que el Hospital de la Residencia pasa al cobro por el período de los meses de septiembre a diciembre de 1812".

Su Sargentía discutida

"Todo hecho histórico, para ser auténticamente reconocido, debe estar apoyado en elementos de juicio suficientemente sólidos.

No obstante, cuando tales elementos faltan, algunos detalles permiten conjeturar o elaborar hipótesis que, una vez expresadas, sirven de orientación para efectuar investigaciones que tiendan a confirmarlas o finalmente desvirtuarlas.

Así, pues, por vía de hipótesis, trataremos de aportar ideas acerca de esta tradicional sargentía atribuida a Juan Bautista Cabral, no solamente discutida en algunos casos, sino también absolutamente negada por falta de un documento probatorio de la jerarquía que, cuando menos, la tradición le adjudica.

El corto lapso en que permaneció integrando el Regimiento - dos meses y medio - no era en esa época y circunstancia, una causal de impedimento para el ascenso.

Si bien Cabral puede ser considerado Sargento por vía y obra de una leyenda y de una tradición, negarlo en el primer supuesto por falta del elemento documental lleva implícita la negación de lo segundo.

Pero no reconocer lo que es tradición es riesgoso para los propios cimientos en que se sustentan los grandes valores de cualquier pueblo de la Tierra.

Sabemos que la tradición no se asienta en documentos oficiales, que no se impone por decisión gubernativa.

Nace de una convicción, generalmente de raigambre popular y es el tiempo el único fundamento que le da validez.

Si perdura, pasará a formar parte del acervo cultural del pueblo que lo acepta. Esta sargentía de Juan Bautista Cabral es ya - y desde hace mucho tiempo - parte inseparable de la temática del ser nacional argentino".

El Combate de San Lorenzo
"San Martín desembarcó el 9 de marzo de 1812 en Buenos Aires, la ciudad capital del antiguo Virreinato del Río de la Plata.

Contribuir a la independencia de los pueblos americanos era la alta misión que lo había impulsado a retornar a su tierra natal.
A poco de su llegada, el gobierno triunviro le confió la organización de un escuadrón de caballería, que en pocos meses se constituiría en la base del Regimiento de Granaderos a Caballo, de inmortal memoria en las luchas por la emancipación americana.
Mientras instruía a Oficiales, Cadetes, Cabos y Soldados en el arte militar, en el manejo de las armas y en la disciplina castrense, el General San Martín contrajo matrimonio con María de los Remedios de Escalada.
El 7 de diciembre de 1812 el nuevo gobierno triunviro le concedió el empleo de Coronel del flamante Escuadrón.
El 3 de febrero de 1813, San Martín, al frente de 120 granaderos, obtuvo su primera victoria en tierra americana al derrotar en San Lorenzo, cerca de la ciudad santafesina de Rosario, a 250 infantes desembarcados de una expedición fluvial corsaria promovida por el gobierno de Montevideo, ciudad aún dominada por partidarios del rey Borbón.

El combate duró quince minutos y en su transcurso el jefe criollo estuvo a punto de perder la vida al quedar aprisionado por su caballo herido.

Fue en esa oportunidad en la cual nuestro valiente Granadero menospreció su vida y fue en auxilio de su Jefe para que no muriera en manos enemigas.
Bartolomé Mitre en su libro Historia de San Martín y de la emancipación americana, nos allana el camino sobre la circunstancia de las cuales fueron protagonistas los granaderos Juan Bautista Cabral y Juan Bautista Baigorria:
Las cabezas de las columnas españolas, desorganizadas en la primera carga, que fue casi simultánea, se replegaron sobre la mitad de retaguardia y rompieron un nutrido fuego contra los agresores, recibiendo a varios de ellos en la punta de sus bayonetas.

San Martín, al frente de su escuadrón, se encontró con la columna que mandaba en persona el Comandante Zabala, jefe de toda la fuerza de desembarco.

Al llegar a la línea recibió a quemarropa una descarga de fusilería y un cañonazo de metralla, que matando a su caballo lo derribó a tierra, tomándole una pierna en la caída.

Trabóse a su alrededor un combate parcial al arma blanca, recibiendo él una ligera herida de sable en el rostro.

Un soldado español se disponía ya a atravesarlo con la bayoneta, cuando uno de sus granaderos llamado Baigorria (puntano), lo traspasó con su lanza.

Imposibilitado de levantarse del suelo y de hacer uso de sus armas, San Martín habría sucumbido en aquel trance, si otro de sus soldados, no hubiese venido en su auxilio echando resueltamente pie a tierra y arrojándose sable en mano en medio de la refriega.

Con fuerza hercúlea y con serenidad, desembaraza a su jefe del caballo muerto que lo oprimía, circunstancia que los enemigos reanimados por Zabala a los gritos de Viva el Rey!, se disponían a reaccionar, y recibe en aquel acto dos heridas mortales gritando con entereza:

"Muero contento! ! Hemos batido al enemigo !.

Llamabase Juan Bautista Cabral este héroe de la última fila: era natural de Corrientes y murió dos horas después repitiendo las mismas palabras".
Una anécdota de éste combate fue, que el entonces Coronel de Granaderos a Caballo D. José de San Martín omitió colocar en el Parte de la Victoria de San Lorenzo del 3 de febrero, los granaderos que ofrendaron su vida en la contienda.

Sería recién el 27 de febrero de 1813 que San Martín eleva al Supremo Poder Ejecutivo la nómina de los muertos en el combate y además solicitaría - entre otros - recompensar a la familia del heroico granadero". .